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OpenAI dice que es “imposible” crear una ia como ChatGPT sin material protegido por derechos de autor

Tirada la piedra ahora toca comportarse de dos formas: o esconder la mano o sacar pecho. Open AI ha hecho lo segundo. La compañía estadounidense ha reconocido que es “imposible” crear herramientas similares al chatbot ChatGPT sin material protegido por derechos de autor. Una posición controvertida que viene como respuesta a la presión de reguladores internacionales y compañías acerca de los datos de entrenamiento de estos servicios.

Sin acceso a material protegido también tiene otra lectura; puede ser interpretado como que se acepta que para poder lanzar servicios generativos es necesario violar los derechos de autor. Esto representa uno de los grandes debates alrededor de esta tecnología. Un dilema del que todavía no se ha sacado nada en claro. Este 2024 es posible que se vayan dilucidando algunos asuntos espinosos sobre este modelo de obtención de información que ha despertado la ira de sectores artísticos y creativos. 

Así, chatbots como ChatGPT o herramientas generativas de imagen como Stable Diffusion o Midjourney emplean grandes repositorios de obras recogidas de internet. Es una problemática clásica en el ecosistema digital desde sus inicios. ¿Todo lo que se encuentra en los mundos de la web son gratis? Muchas obras están protegidos por derechos de autor. 

Demandas y críticas por diversos sectores 

Uno de los primeros que ha dado un paso hacia adelante es “The New York Times”, que presentó recientemente una demanda contra OpenAI, alegando que la compañía tecnológica roba sus informaciones para entrenar su modelo de lenguaje de gran tamaño. Sospecho que no será el único grupo editorial que siga la misma senda. Responde la tecnológica desde su blog corporativo que esa reclamación “no tiene fundamento”.

En ese sentido, dicen que ya se encuentran colaborando con distintas organizaciones de noticias como News/Media Alliance para “explorar oportunidades, discutir inquietudes y brindar soluciones”. Su objetivo -insiste- es “aprender, educar, escuchar, comentar y adaptarnos”. 

Entrenar modelos de IA utilizando materiales de internet disponibles públicamente defiende que tiene “un uso legítimo”, como lo respaldan precedentes. “Consideramos que este principio es justo para los creadores, necesario para los innovadores y fundamental para la competitividad de Estados Unidos”. 

Así lo dicen de manera textual:

“El principio de que el entrenamiento de modelos de IA está permitido como uso legítimo está respaldado por una amplia gama de académicos, asociaciones de bibliotecarios, grupos de la sociedad civil, nuevas empresas, empresas líderes en Estados Unidos, creadores y autores que recientemente enviaron comentarios a la Oficina de Derechos de Autor de EE.UU. Otras regiones y países, incluidos la Unión Europea, Japón, Singapur e Israel también tienen leyes que permiten modelos de capacitación sobre contenido protegido por derechos de autor, una ventaja para la innovación, el avance y la inversión en IA”.

Y, en este contexto, OpenAI lo tiene claro. “Los derechos de autor cubren en la actualidad todo tipo de expresión humana -incluyendo publicaciones de blogs, fotografías, publicaciones en foros, fragmentos de códigos de software y documentos gubernamentales”, recoge en un documento presentado en diciembre ante la Cámara de los Lores en Reino Unido pero que ha trascendido esta semana. 

En el texto, la firma liderada por Sam Altman defiende que limitar los datos de entrenamientos a libros y dibujos de dominio público creados hace más de un siglo “podría producir un experimento interesante”, pero “no proporcionaría sistemas de inteligencia artificial que satisfaga las necesidades de los usuarios”. 

He consultado a expertos como Borja Adsuara, abogado en derecho digital y una de las personas que más sabe de esto. Lo que me cuenta es que, en efecto, OpenAI defiende que la formación, entrenamiento o aprendizaje de la IA generativa está dentro de un “fair use”, un uso justo del derecho de copyright. Sin embargo, los editores y los artistas opinan, por el contrario, que hay “una explotación económica posterior”, por lo que reclaman que deben pedir autorización y compensarles económicamente por el uso de sus obras.

Me dice:

”En cierta forma, OpenAI les da la razón, porque, por un lado, les reconoce un derecho a oponerse a que se utilicen sus obras para entrenamientos de la IA y, por otro, está alcanzando acuerdos con grandes grupos de comunicación para poder hacerlo sin tener problemas legales. De hecho, la demanda de ‘The New York Times’ fue porque no llegaron a un acuerdo satisfactorio. Así que parece que ése va a ser (está siendo) el camino”.

Para este experto, el cruce de acusaciones entre el grupo editor y la firma tecnológica es un “tema interesante” porque nos hace analizar si existe plagio o no. “Los editores dicen que hay contenidos generados por ChatGPT que son idénticos o muy similares a piezas de periódicos, mientras que OpenAI dice que ChatGPT solo lee y aprende, no copia ni modifica, lo cual es importante para la determinación del derecho”. En cualquier caso, estamos ante el inicio de una batalla que, posiblemente, veamos nuevos enfrentamientos a lo largo del año.


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