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Made by humans: el concepto que asienta los valores de la IA del futuro

“Ha venido para quedarse”. “Esto lo cambia todo”. “No hay vuelta atrás”. “Nos va a dejar a todos en paro”. Estas son algunas de las cuestiones más recurrentes que despierta el debate sobre el impacto de la inteligencia artificial (IA), sobre todo en su vertiente generativa, en la economía. Quizás es un cambio de función, pero el escenario va a seguir siendo el mismo: el papel de los humanos seguirá siendo necesario. Al menos, así lo creo si hacemos las cosas con cabeza. 

En estos momentos, el desarrollo de la IA se está llevando a la orilla de las grandes empresas. Es un fenómeno de sobra conocido que, tras veinte años de avances en materia de redes sociales, ahora es cuando le estamos viendo las grandes consecuencias en la economía. Era todo empezar para querer dar marcha atrás en cuestión de unos cuantos años. Sobre esta tecnología todavía desconocemos su verdadero impacto. Puede ser un fuelle que alumbre el poder de la productividad o, en cambio, y ese es uno de los grandes temores, azote el fuego de la ira humana. 

Lo llevamos viviendo desde hace dos siglos a medida que ha aparecido una tecnología disruptiva a nuestro alrededor. Primero, se lanzan a pescar las oportunidades las grandes empresas y, luego, una vez bajada la euforia, se asientan los principios que regirán un nuevo modelo productivo. Ahora estamos en una batalla interesante en la que, por un lado, están aquellas grandes corporaciones que intentan hacerse con el control de las poleas; en otro, los desafiantes e irreductibles parroquianos de la aldea gala que aspiran a que se desarrollen modelos más abiertos, sostenibles y libres. 

Cualquiera que ahora mismo piense en este debate se llevará un susto al observar la gran cantidad de dinero que hay en juego. Ya lo hemos comentado en Verbaliza en otras ocasiones. Así que no me extenderé. Están ahora calentando el cotarro los OpenAI, los Microsoft, los Facebook. Por debajo, y con la mirada de sorpresa al ver cómo se ha revalorizado sus productos, los Nvidia de turno. Esto nos deja a los usuarios y empresas en medio a la hora de recibir las golosinas que nos invitan a pensar que vamos hacia un mundo mejor. ¿Va a ser así?

La mayoría de las empresas ya han empezado a utilizar la IA en sus campañas de marketing y, según estimaciones recogidas en el estudio “Growth Report”, elaborado por Twilio, más de la mitad prevé gastar aún más a lo largo de este año. Esto quiere decir que, en efecto, el dinerito va a estar fresco para poner en marcha proyectos de distinta envergadura. De momento, montar un equipo para desarrollar una IA para tu negocio requiere demasiados recursos para el escaso retorno que puede generar. Solo un ejemplo: para el “entrenamiento” de las primeras versiones de ChatGPT se utilizaron más de 10.000 procesadores de Nvidia. Esta estructura supone un costo demasiado elevado para prestar atención a algo propio. 

“El factor técnico es jodido porque, independientemente de si el software sea libre o no, para correr una IA generativa de manera eficaz necesitas unas máquinas muy potentes”, apunta Jorge J. Ramos, desarrollador informático,  a Verbaliza. “El concepto de liberalizar la IA es bonito, pero hay muchos problemas alrededor. No solo técnico, sino en cuanto al modelo de negocio. El balance de inversión-benéfico no es, ahora, equilibrado”, añade. 

Software libre para alimentar la IA del futuro

El código abierto en la IA plantea desafíos únicos, entre ellos, el procesamiento de datos. A pequeña escala, el elevado coste de la infraestructura de OpenAI para mantener activo ChatGPT puede favorecer la entrada de proyectos basados en código abierto, que por su naturaleza puede contribuir a un desarrollo más ágil, rápido y, por supuesto, con menores cargas financieras.

Ante esta premisa, ya empiezan a aparecer iniciativas que promulgan el desarrollo de la IA bajo los principios del software libre. Curiosamente, algunos de sus impulsores vienen de empresas que han defendido los ecosistemas más cerrados como Apple, que trabaja con un modelo de inteligencia artificial de código abierto que puede editar imágenes como Photoshop, basándose en simples comandos de texto, recogen desde “Mashable”. Este modelo, llamado MGIE, utiliza modelos de lenguaje multimodal para entender las instrucciones expresivas de los humanos, así como los datos de entrenamiento de imágenes. De esta forma, puede inferir lo que el usuario quiere hacer con la imagen y generar resultados más precisos y realistas que otros modelos existentes.

El modelo MGIE es una muestra del interés de Apple por el desarrollo de la inteligencia artificial, aunque la compañía ha sido cautelosa sobre sus planes en este campo. Apple tiene una versión interna de un chatbot similar a ChatGPT. Tim Cook, consejero delegado de la compañía estadounidense, dijo que hará algunos anuncios importantes sobre inteligencia artificial este año. No se sabe si estos anuncios incluirán una herramienta de edición de imágenes basada en inteligencia artificial, pero el modelo MGIE está disponible como código abierto en GitHub y como una versión de demostración alojada en Hugging Face.

Meta es otra que está acelerando la creación de un modelo de IA con distintos enfoques. Han trascendido algunos avances de LLaMA, el modelo de lenguaje de gran tamaño (LLM, por sus siglas en inglés) de la compañía estadounidense. Y, en principio, se mueve bajo los principios del código abierto. Por el momento, se estiman (y son datos de la firma fundada por Mark Zuckerberg) en GitHub ya existen más de 8.000 proyectos basados en su tecnología. Otro ejemplo es Jan, una alternativa al chatbot ChatGPT, que puedes instalar directamente en equipos con Windows, Linux o MacOS, aunque el negocio está en otra cosa: los datos. Hay que pagar por ellos. Con este tipo de propuestas, una empresa podría desarrollar sus propios proyectos de IA y emplear sus datos propios para ofrecer mejores servicios a sus clientes. 

A pesar de esta diatriba, mi posición sigue siendo la misma desde hace algún tiempo. El interés de la IA es grande, pero se avecina un cambio cultural en donde el concepto de “made by humans”, el hecho por humanos, va a cobrar aún más relevancia. Serán los filólogos, los comunicadores, los analistas y los que tengan el don de la palabra quienes puedan sacarle provecho a las soluciones que van a ir apareciendo bajo la excusa de la IA. “La herramienta viene a revolucionar todo, pero no por lo que hace la herramienta, sino por la manera en que vamos a interpretar cómo van a ayudarnos”, sostiene este experto. De ahí que vuelva a insistir en una idea: si un periodista está preocupado porque una IA vaya a sustituirlo es que no entiende de verdad su trabajo. 

“No es que nos vaya a quitar el trabajo, pero vamos a desplazarnos desde un modelo en el que un experto en una disciplina era el que más éxito tenía hacia un modelo en donde el que más éxito será el que más ‘soft skills’ tenga en lugar de ‘hard skills’”. Estas llamadas “soft skills”, denigradas hasta la saciedad en los últimos tiempos, cobrarán mayor relevancia porque serán las bases para la implementación de estas tecnologías. “El cambio no es tanto cómo me va a afectar la IA, que no deja de ser una herramienta, una simple llave inglesa, sino cómo el sistema que conocemos va a ser flexible a adaptarse a una realidad nueva, que es inminente”, reconoce. El desafío es eliminar el vaho de este cristal que nos enturbia ahora mismo. Afuera, por ahora, solo hay ruido y furia. 


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